Lunes, 16 de marzo
EL PATITO FEO:
TODOS TENEMOS POSIBILIDADES DE BRILLAR
PALABRA DE DIOS: Mateo 5, 14-16
«Vosotros sois la luz del mundo. No se puede esconder una ciudad construida sobre un monte. Tampoco se enciende una lámpara para ponerla debajo de un cajón, sino que se pone en alto para que alumbre a todos los que están en la casa. Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».
REFLEXIÓN 1
¿Qué significa “ser luz” para los demás?
¿Qué cosas haces tú que hacen brillar a tu familia,
a tu clase, a tus amigos?
¿Cómo puedes ayudar a otros a descubrir su
propia luz?
LECTURA: EL patito feo
En la granja, todos los patitos habían salido del cascarón, menos uno. Cuando finalmente se rompió el huevo más grande, de él salió un patito grande, gris y torpe. "¡Qué feo!", dijeron sus hermanos. Y todos los animales de la granja se burlaban de él.
El patito se sentía muy triste y solo. "¿Por qué soy tan diferente?", se preguntaba. Cansado de que lo despreciaran, una noche se escapó de la granja. Pasó un invierno muy duro, solo y con frío.
Cuando llegó la primavera, nadó hasta un lago precioso donde un grupo de cisnes elegantes jugaban en el
agua. Él, avergonzado, bajó la cabeza.
Pero al hacerlo, vio su propio reflejo en el agua y se quedó maravillado. Ya no
era un patito gris y feo. Se había convertido en un hermoso cisne, igual que
aquellas aves que tanto admiraba.
Los otros cisnes lo acogieron con alegría. Entonces entendió que nunca había sido feo, solo era diferente porque pertenecía a otro lugar. Había encontrado a su verdadera familia y su sitio en el mundo, y fue feliz para siempre.
VÍDEO
El patito feo: https://www.youtube.com/watch?v=2plf_JFa4VA (hasta el minuto 9.08)
REFLEXIÓN 2
¿Por qué se metían con el patito? ¿Cómo creéis que se siente el patito? ¿Qué es
diferente en su reflejo? ¿Quién creéis que hizo que fuera un cisne tan bonito?
Del mismo modo que el patito era en realidad un cisne, cada uno de nosotros tiene una belleza y un valor especiales que Dios nos ha dado. Nuestro valor no depende de la opinión de los demás, porque Dios no mira nuestro exterior (si somos altos, bajos, rubios o morenos), sino nuestro corazón.
El patito pensaba que era feo, pero en realidad su problema era que intentaba encajar en un sitio que no era el suyo. Era un cisne viviendo con patos. A veces, podemos sentir que no encajamos, pero Dios nos ha creado a cada uno con un "don" especial para brillar.
ACTIVIDAD
Repartimos pequeños espejos (o
papeles de plata que reflejen). Nos
miramos y pensamos en una cualidad bonita que Dios nos ha dado (ser amables,
alegres, buenos amigos, etc.). Lo podemos decir en alto, si queremos.
ORACIÓN
Jesús, Luz del mundo,
tú
me enseñaste que cada uno de nosotros puede brillar con su propia luz.
A veces me siento pequeño, pero tú me recuerdas que con amor, alegría y buenas acciones
puedo iluminar el
corazón de los demás.
Ayúdame a no esconder mi luz,
a confiar en lo que soy y a hacer el bien cada día,
para que todos vean tu amor
en mí.
Jesús, quiero brillar contigo. Quédate a mi lado y enséñame a ser luz. Amén.
Ave María. María Auxiliadora de los cristianos, ruega por
nosotros.
Martes, 17 de marzo
EL TRAJE DEL EMPERADOR:
PIENSA, NO TE DEJES MANIPULAR POR OTROS
PALABRA DE DIOS: Romanos 12, 2
«No os amoldéis al mundo actual, sino transformaos mediante la renovación de
vuestra mente, para que podáis discernir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno,
aceptable y perfecto».
LECTURA: EL traje invisible del emperador
Había una vez un emperador muy vanidoso. Amaba tanto la ropa elegante que pasaba más tiempo frente al espejo que gobernando su reino. Cada semana encargaba nuevos trajes, y su corte lo aplaudía siempre, aunque no todos pensaban que eran tan especiales.
Un día, llegaron al palacio dos supuestos sastres que afirmaban confeccionar la tela más fina del mundo.
—No solo es bellísima —dijeron—, sino que tiene una magia especial: solo la pueden ver quienes son inteligentes y dignos de su cargo.
El emperador se entusiasmó de
inmediato. ¡Imaginaos lucir un traje que solo los sabios podían ver! Les dio
oro, telas, y les ofreció todo lo que necesitaran.
Los sastres se encerraron en una sala del palacio y fingieron trabajar.
Movían las manos, cortaban aire, y cosían hilos invisibles. Cada vez que alguien iba a verlos,
al no ver nada, fingía admiración para no parecer tonto.
Cuando el emperador fue a probarse el traje, tampoco vio nada. Pero
temía que lo consideraran incapaz de gobernar. Así que dijo:
—¡Nunca vi nada
igual! —exclamaban otros.
—Ese niño tiene razón. Me dejé llevar por el miedo
a parecer menos. Y el miedo me hizo actuar sin pensar.
Desde ese día, el emperador aprendió a confiar más en la verdad que en
los halagos, y enseñó a su pueblo a valorar la honestidad y a no dejarse
engañar por apariencias o palabras bonitas.
Y aunque siguió vistiendo bien, nunca más necesitó un traje invisible
para sentirse valioso.
REFLEXIÓN
¿Cómo sabes cuándo una decisión es buena?
¿Qué te ayuda a decir “no” cuando algo no
está bien?
IMAGEN
en los momentos felices y
también en los difíciles.
Enséñame a ser valiente como
tú, a decir "sí" como tú,
y a confiar en Dios aunque no
entienda todo.
Acompáñame cada día,
cuida a mi familia, a mis
amigos, a mi escuela.
Ayúdame a seguir a Jesús con
alegría y a llevar su amor a los demás.
María, camina conmigo.
Llévame siempre a Jesús.
Amén.
Ave María. María Auxiliadora de los cristianos, ruega por
nosotros.
Miércoles, 18 de marzo
EL PRÍNCIPE FELIZ:
LO IMPORTANTE ES TENER UN BUEN CORAZÓN
PALABRA DE DIOS: 1 Samuel 16, 7b
«… porque el Señor no ve como ve el hombre, pues el hombre mira la apariencia exterior, pero el Señor mira el corazón»
LECTURA
En lo alto de la ciudad, sobre una columna, se levantaba la estatua del Príncipe Feliz. Estaba cubierta de oro fino, tenía por ojos dos brillantes zafiros y un gran rubí rojo ardía en el puño de su espada. Todos la admiraban.
Pero el Príncipe no era feliz. Desde su altura, podía ver toda la miseria de su ciudad. Veía a los pobres que pasaban hambre, a los niños enfermos y a la gente que sufría. Y su corazón, que ahora era de plomo, se llenaba de tristeza.
Una noche, una pequeña golondrina llegó a la ciudad. Sus amigas se habían ido a Egipto, pero ella se había quedado atrás. Cansada, buscó un lugar para dormir y se posó a los pies de la estatua. De repente, sintió caer una gota de agua. ¡Estaba lloviendo! Pero al mirar hacia arriba, vio que el cielo estaba despejado y estrellado. Entonces, cayó otra gota. La estatua estaba llorando.
—¿Quién eres? —preguntó la golondrina.
—Soy el Príncipe Feliz.
—Entonces, ¿por qué lloras? Me
has empapado.
—Porque
cuando estaba vivo y tenía un corazón humano —respondió la estatua—, no
conocía las lágrimas, pues vivía en el Palacio de la Despreocupación. Mis
cortesanos me llamaban el Príncipe Feliz, y en verdad lo era. Pero ahora que
estoy muerto, me han colocado tan alto que puedo ver toda la fealdad y toda la
miseria de mi ciudad, y aunque mi corazón sea de plomo, no puedo por menos que
llorar.
El Príncipe le contó a la golondrina lo que veía: una costurera muy pobre cuyo hijo tenía fiebre y pedía naranjas, pero ella solo tenía agua del río para darle.
—Golondrina,
golondrinita, ¿no querrías llevarle el rubí del puño de mi espada? Mis pies están sujetos a este pedestal y
no puedo moverme.
La golondrina, conmovida, aceptó. Arrancó el gran rubí y voló hasta la pobre
casa, dejando la joya junto al dedal de la mujer.
La noche
siguiente, el Príncipe le pidió que se quedara una noche más para llevarle uno de sus ojos de zafiro a un joven
escritor que pasaba hambre y frío. Y a la otra noche, le pidió su otro ojo para
una pequeña vendedora de fósforos a la que se le habían caído sus cerillas al
arroyo.
La golondrina, que amaba cada vez más al Príncipe, se quedó con él, aunque sabía que el invierno llegaba. Ahora el Príncipe estaba ciego, pero la golondrina volaba por la ciudad y le contaba todo lo que veía. Le hablaba de los ricos que celebraban fiestas en sus hermosas casas, mientras los mendigos se sentaban a sus puertas. Le hablaba de los niños pálidos que vagaban por las calles sin tener qué comer.
Entonces el Príncipe dijo:
—Estoy cubierto de oro fino. Arráncalo hoja por hoja y dáselo a mis pobres. Los hombres creen que el oro puede darles la felicidad. La golondrina fue arrancando cada lámina de oro hasta que la estatua quedó gris y sin brillo. Los niños volvieron a sonreír y a jugar por la calle.
Pero el frío se hizo más intenso y la pobre golondrina supo que iba a morir. Se despidió del Príncipe, le dio un beso y cayó muerta a sus pies.
Al día siguiente, el alcalde y los concejales pasaron por la plaza.
—¡Qué aspecto tan andrajoso tiene el Príncipe Feliz! —dijeron—. Y hay un pájaro muerto a sus pies.
¡Qué vergüenza! Decidieron fundir la estatua en un horno. Pero cuando lo hicieron, el corazón de plomo no se fundió. Lo tiraron a un montón de basura, donde también yacía la golondrina muerta.
Aquella noche, Dios dijo a uno de sus Ángeles:
—Tráeme las dos cosas más preciosas de la ciudad.
El Ángel le llevó el corazón de plomo y el pájaro muerto.
—Has elegido bien —dijo Dios—. Porque en mi jardín del Paraíso este pajarillo cantará eternamente, y en mi ciudad de oro, el Príncipe Feliz me alabará.
https://www.youtube.com/watch?v=VKQyR2uZEak
¿Por qué el príncipe se despojó de sus joyas?
¿Habéis sentido alguna vez tristeza
por alguien?
¿Qué podemos hacer nosotros para
ser como el Príncipe o la golondrina?
¿Es más importante ser bonito por fuera o tener un buen corazón por dentro?
¿Qué valora Dios?
quiero para mí y los demás lo que
Dios de verdad valora:
un corazón bueno y generoso.
Que el dolor de los demás no nos
deje indiferentes
y tengamos siempre ganas de ayudar.
Amén
Ave María. María Auxiliadora de los cristianos, ruega por
nosotros.
Jueves, 19 de marzo
LOS TRES CERDITOS: EL TRABAJO BIEN HECHO
PALABRA DE DIOS: Colosenses 3, 23
—¡No por los pelos de mi
hocico chiquitito! —gritó el cerdito.
—¡No por los pelos de nuestro hocico chiquitito!
—gritaron.
¿Qué cosas haces con el corazón?
¿Cómo puedes
ofrecer tu trabajo (tareas, ayudar en casa, estudiar) a Dios?
¿Qué se siente cuando uno hace algo bien hecho?
IMAGEN: La alegría del trabajo bien hecho
¿Cómo os sentís cuando hacéis un trabajo o una actividad
de casa o del colegio y está bien hecha?
ORACIÓN
Señor Jesús,
gracias por darme manos y corazón para trabajar.
Ayúdame a hacer todo con amor, como si lo hiciera para ti,
no solo para las personas que me ven.
Dame fuerzas para ser paciente y responsable,
y que cada cosa que haga sea un regalo para ti.
Que mi esfuerzo ayude a los demás,
y que siempre quiera hacer lo mejor, porque así te honro,
Señor.
Gracias por acompañarme siempre. Amén.
Ave María. María Auxiliadora de los cristianos, ruega por
nosotros.
Viernes, 20 de marzo
PINOCHO: DECIR LA VERDAD
LECTURA
Había una
vez un anciano carpintero llamado Geppetto que deseaba tener un hijo. Un día,
talló una marioneta de madera con tanto cariño, que al terminarla le puso
nombre: Pinocho.
Con un destello de luz, convirtió a Pinocho en un niño de verdad.
Geppetto lo abrazó con alegría, y desde
ese día, Pinocho
fue honesto, incluso
cuando era difícil, porque había aprendido que:
Decir la verdad te hace libre, confiable y valiente.
PALABRA DE DIOS: Proverbios 12, 22
¿Por qué es importante decir la verdad?
ayúdame a ser siempre valiente
y a decir la verdad, aunque a veces sea difícil.
porque sé que la verdad nos hace libres y nos acerca más a
ti.
Perdóname cuando no he sido sincero, y dame fuerza para
hacer lo correcto.
Que mi palabra sea luz para los demás, y que siempre refleje
tu amor.
Gracias por enseñarme a ser bueno y justo. Amén.
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